Respuesta de Congelación por Trauma: Qué es, Fawn vs. Freeze y cómo “descongelar” de forma segura
- Rebecca Rinnert
- 19 ago
- 3 Min. de lectura

Cuando tu cuerpo no puede luchar ni huir
La mayoría de la gente ha oído hablar de la respuesta de lucha o huida —el instinto del cuerpo de enfrentar un peligro o escapar de él—. Pero existe otra reacción de supervivencia igual de común, aunque mucho menos conocida: la respuesta de congelación (freeze response).
Si alguna vez te has quedado en blanco durante una discusión, te has sentido incapaz de moverte ante el miedo o como si estuvieras observando la situación desde fuera, probablemente hayas experimentado esta respuesta.
La congelación no es debilidad. Es la manera en que tu sistema nervioso te protege cuando luchar o huir no parecen opciones seguras.

¿Qué es la respuesta de congelación?
La respuesta de congelación es como pulsar el “botón de pausa” de tu cuerpo frente a una amenaza. Forma parte del mismo sistema de supervivencia que la lucha y la huida, pero en este caso la elección es quedarse inmóvil.
Síntomas comunes de la respuesta de congelación:
Sensación de bloqueo o incapacidad para hablar
Entumecimiento o desconexión del propio cuerpo o del entorno
Mente nublada o dificultad para encontrar palabras
Sensación de que el tiempo va más lento
A nivel biológico, esta respuesta puede ayudar a pasar desapercibido, minimizar el daño o sobrevivir hasta que el peligro desaparezca.
Freeze vs. Fawn: Principales diferencias
La respuesta de sumisión (fawn response) es otro patrón de trauma menos conocido, pero diferente al freeze:
Freeze → Te quedas inmóvil, en silencio y te retraes hacia tu interior para evitar el peligro.
Fawn → Te acercas a la amenaza intentando agradar, complacer o apaciguar para sentirte a salvo.
Ejemplo:
En freeze, te quedas callado durante una discusión, sin poder responder.
En fawn, te disculpas repetidamente o aceptas algo que no quieres para evitar el conflicto.
Por qué aparece la respuesta de congelación en el trauma
El freeze es común en respuestas traumáticas en las que:
Escapar no era posible (por ejemplo, en la infancia o en una situación de encierro)
Luchar podía provocar más daño
La opción más segura era ser “invisible” y quedarse quieto
El sistema nervioso guarda estas experiencias en la memoria. Incluso años después, situaciones de conflicto, estrés o ansiedad intensa pueden reactivar la congelación, aunque no exista un peligro real.
Un ejemplo breve: cuando el freeze aparece sin avisar
María estaba en una reunión cuando su jefe criticó su trabajo frente a todos. Sintió el pecho oprimido, la mente en blanco y la boca cerrada, aunque quería defenderse.
Más tarde comprendió que no había “decidido” quedarse callada: su cuerpo se había congelado, igual que cuando sus padres le gritaban de niña.

3 herramientas somáticas suaves para “descongelar” la respuesta de freeze
Superar la congelación no significa obligarte a reaccionar. Se trata de enviarle señales suaves a tu sistema nervioso para que sienta que es seguro volver a moverse.
1. Orientación con los sentidos
Gira lentamente la cabeza y deja que tus ojos exploren la habitación. Nombra cinco cosas que ves, tres que oyes y una que sientes sobre tu piel. Esto ayuda a volver al momento presente.
2. Micro-movimientos
Empieza con el gesto más pequeño: mover los dedos de los pies, rodar los hombros o flexionar los dedos de las manos. Pequeños movimientos indican al cuerpo que es seguro activarse de nuevo.
3. Exhalaciones largas
Inhala por la nariz contando hasta 4 y exhala por la boca contando hasta 6. Las exhalaciones más largas activan el sistema nervioso parasimpático, favoreciendo la sensación de seguridad.
Preguntas frecuentes: Respuesta de congelación por trauma
¿Qué desencadena la respuesta de congelación?
Se activa cuando el sistema nervioso percibe peligro y decide que luchar o huir no son opciones seguras. El trauma, el estrés o la ansiedad intensa pueden provocarla.
¿En qué se diferencia el freeze de la disociación?
En el freeze suele haber inmovilidad física, mientras que la disociación implica una sensación de desconexión del cuerpo o del entorno. Ambas pueden coexistir.
¿Se puede superar la respuesta de congelación?
Sí. Con prácticas somáticas suaves y un acompañamiento terapéutico informado en trauma, muchas personas reducen su frecuencia e intensidad.
Reflexión final e invitación
Si te reconoces en la respuesta de congelación, recuerda: tu cuerpo está intentando protegerte de la mejor forma que sabe. Con las herramientas y el apoyo adecuados, puedes enseñarle nuevas formas de reaccionar y sentirte más libre.
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